En pista cubierta, el bloqueo de dos casi nunca se cae por falta de salto. Se cae porque el central
y el de banda llegan al mismo punto, chocan en el aire o dejan abierta la diagonal corta. La
coordinación empieza mucho antes del salto: en cómo se lee la colocación y en cómo se habla entre
los dos antes de que el balón cruce la red.
La primera decisión es de quién manda. Si el atacante recibe por zona 4, el bloqueador de banda
fija el hombro exterior y el central cierra por dentro. Si el ataque llega por zona 2, se invierte:
el de banda marca la línea y el central ajusta el cierre hacia el centro. Cuando el colocador
juega un balón alejado de la red, conviene que el central retrase medio paso y deje al de banda
asumir el primer contacto visual con el atacante.
Las señales funcionan mejor si son cortas y siempre las mismas. Un "mío" claro del que fija el
hombro, un "cierra" del central cuando detecta que el atacante va por dentro, y una mano abierta
a la altura de la cadera para indicar que se bloquea línea. Nada de gritos largos: en un pabellón
con eco, dos sílabas se entienden y una frase entera no.
Detrás del bloqueo, el líbero y el defensa de diagonal tienen que saber qué hueco va a quedar.
Si el bloqueo cierra línea, la defensa se coloca en diagonal corta. Si cierra diagonal, el líbero
cubre el rebote profundo y el punta se queda con el palmeo corto. Este reparto se ensaya en seco
antes de meter ataque real.
Para entrenarlo, dos ejercicios sencillos: bloqueo en seco con desplazamiento lateral desde zona 3
hacia banda, y bloqueo con ataque controlado desde cajón a media velocidad. En el segundo se
corrige sobre todo la distancia entre hombros: si los codos se tocan, el bloqueo está cerrado;
si queda un hueco del tamaño de un balón, el atacante lo va a encontrar.